Spartacus se presenta como un ballet de tradición clásica basado en la técnica académica neoclásica. La obra aborda el mito de Espartaco desde los valores esenciales del ballet, pero con una puesta en escena creada a partir de una dramaturgia propia, y donde un actor encarna a Espartaco en el instante previo a su muerte; desde ese umbral, su vida se despliega ante el espectador como una sucesión de recuerdos, escenas y emociones que dan forma al ballet.
La narración avanza como una evocación poética de los momentos fundamentales del héroe: la esclavitud, la rebelión, el amor, el poder y la caída. A partir de este enfoque, la obra se transforma en un ballet blanco, cuyos bailarines solo están en la memoria de Espartaco.
Lejos de ser una relectura de la coreografía original, esta versión de Spartacus es una creación nueva, que respeta la tradición del gran ballet clásico y, al mismo tiempo, propone una estructura escénica renovada, capaz de dialogar con el espectador desde la emoción y la memoria.