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21/07/2012

“En las guerras del pasado y del presente, nunca faltaron motivos económicos”

El profesor de Historia Antigua de la Universidad de Extremadura, Julio Gómez Santa Cruz, cierra el ciclo de conferencias ‘Encuentro con los clásicos’ con una reflexión sobre las razones por las cuales se han producido las guerras en las sociedades clásicas. Con este fin, analiza tres grandes conflictos bélicos: la Guerra de Troya, la Guerra del Peloponeso y las Guerras Púnicas.

Las guerras se consideraban prácticamente la única solución a los conflictos en estas civilizaciones y es que vivían en un estado de guerra casi permanente debido, según los contendientes de la época, a diversas causas: lucha por la  libertad, por patriotismo, por mantener la hegemonía…Pero estos argumentos solían esconder motivaciones geoestratégicas y/o económicas. 

La guerra de Troya, lejos de las causas amorosas y de venganza por el rapto de Helena que nos narraba la épica de Homero, parece que tuvo otros motivos. La localización de Troya en la colina de Hisarlik suponía un enclave estratégico para la entrada en el Helesponto griego (actualmente el estrecho de los Dardanelos), un paso obligatorio entre el  Egeo y el Mar Negro, entre Europa y Asia. Además la cultura micénica fue enriquecida debido a una expansión comercial, por lo que contaban con elementos valiosos (joyas, cerámicas…).

Agamenón, el wanax de Micenas, reino del Peloponeso, encabezó la coalición con el fin de apropiarse de Troya y sus riquezas. Comienza así la guerra de Troya, aunque fueron varias las expediciones, saqueos y asedios micénicos que sufrió el reino.

En la Guerra del Peloponeso, la llamada “Gran Guerra de los griegos”, el Imperio Ateniense combatirá contra la Liga espartana. Un conflicto civil panhelénico que se alargó durante tres décadas, que se produjo por intereses económicos contrapuestos y en el que no hubo vencedor; significó el principio del fin de la civilización, de la cultura griega.

Durante las Guerras Púnicas se produjo la lucha de dos potencias, la romana y la cartaginesa, por la hegemonía económica en el Mediterráneo. Los intereses económicos y de imperialismo militar, llevará a Roma a mantener más de cien de conflicto, costándole más de medio millón de vidas derrotar a su rival.

A diferencia de la sociedad actual en la que la guerra provoca un amplio rechazo, en la antigua sociedad existía el convencimiento de que las desgracias producidas por la guerra eran inevitables y que, a pesar de ello, podía ofrecer importantes beneficios. Deseaban la paz, pero se veía más en un plano utópico. La guerra además estaba regulada por normas jurídico-religiosas que legalizaban la violencia.

“Ahora bien -dice Julio Gómez- tanto en las guerras del pasado como en las guerras del presente, nunca faltaron los motivos económicos. Otra semejanza entre las guerras del pasado clásico y las guerras actuales es obvia: el sufrimiento de las víctimas, si bien son las víctimas civiles el objetivo primordial de las guerras modernas”.

En la actualidad las guerras siguen teniendo motivos económicos. Como ejemplo encontramos en la conferencia el de la última guerra del Golfo, en la que Estados Unidos argumentara como la causa de la guerra frente a Irak, la existencia de “armas de destrucción masiva” cuando la realidad era la búsqueda del control de los yacimientos de petróleo de ese territorio.

La conferencia nos evoca finalmente, un deseo de que los conflictos que se producen por intereses económicos, cada vez más numerosos, se solucionen por medio de la paz, la confianza y los acuerdos y no por la guerra.


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