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21/07/2012

El concepto de guerra justa o preventiva germinó en el imperialismo grecorromano

“Aquella guerra en la que los responsables o promotores de la misma intentan legitimarla y establecer sus límites desde un punto de vista moral, religioso y/o político.” Así define Manuel Mañas, profesor de Filología Latina de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura, el concepto actual de guerra justa. Sobre éste elabora su conferencia, penúltima del ciclo ‘Encuentro con los clásicos’, que hace un recorrido por la historia para definir la guerra justa desde un punto de vista político e intelectual.

Para el profesor la expresión guerra justa (en latín bellum iustum) está relacionada con el imperialismo en la edad antigua y moderna y también con la noción de guerra preventiva que se extrae de la sentencia “si quieres la paz, prepara la guerra”. Para ello pasa por el pensamiento y las teorías de varios autores: Aristóteles y Cicerón, Agustín de Hipona, Francisco de Vitoria, Hugo Grocio, Francisco Suárez o Luis de Molina. Se centra además en el adagio de Erasmo: “Dulce es la guerra para los que no la han probado” y en el tema de la guerra contra los turcos.

En definitiva, Mañas nos enseña con la conferencia nociones como la guerra incruenta, acuñada por Ambrosio, la universidad del ius Gentium o la distinción entre ius ad bellum, ius in bello y ius post bellum.

La guerra en el mundo grecorromano no se consideraba más que un hecho derivado de la convivencia y el térmimo “guerra justa” hacía referencia a los conflictos entre los ciudadanos greco-romanos y los bárbaros (extranjeros). Para los romanos las guerras eran actos de defensa propia, de defensa del Imperio y no actos con deseos de conquista, afirma el conferenciante.

Fundamentalmente, el objetivo legítimo de los conflictos era instaurar de nuevo la paz. El cristianismo adapta la antigua teoría de “guerra justa" según sus intereses: para San Agustín la guerra es lamentable, y, sin embargo, inevitable y su fin es la paz justa. No admite guerras por “ambición o crueldad”, sólo las que reprimen el mal en busca de la paz.

Santo Tomás considera tres requisitos para hablar de guerra justa: autoridad legítima para declarar la guerra, causa justa y recta intención de los combatientes. Los tratadistas cristianos (escolásticos) de los siglos XVI y XVII (Vitoria, Suárez, Grocio) completan la teoría de la guerra justa de Santo Tomás con otros tres requisitos: proporcionalidad, necesidad de agotar todos los medios pacíficos y contar con una razonable posibilidad de éxito. Los Humanistas del Renacimiento de corte erasmista (Vives o Erasmo) son pacifistas; rechazan todo tipo de guerra, incluso la guerra justa, ya que para ellos es sólo un intento de legitimar la violencia, los abusos de poder y la hipocresía.


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