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20/07/2012

Del vino y las Bacanales al teatro

La relación del hombre con el vino, del vino con Dios, el dios del vino (Dionisos), está íntimamente ligado al teatro. Así lo ha documentado el catedrático de Filología Latina de la Universidad de Cádiz, José María Maestre, en la conferencia que ha ofrecido esta tarde en el ciclo ‘Encuentro con los clásicos’ programado dentro del festival.

El conferenciante documentó, en primer lugar, a través de diferentes materiales arqueológicos, la presencia del vino en antiguas civilizaciones, como Sumeria, Egipto, Persia y Persia, para abordar después el mundo bíblico y, más concretamente, la figura de Noé como inventor del vino.

            Entró después en Tracia, país relacionado con Grecia, y, de ahí, ya se centró en el mundo griego. Tras abordar los orígenes míticos de Dionisos, presentó el culto al dios del vino a través de las grandes y las pequeñas dionisiacas. Las primeras eran de carácter urbano y se celebraban en el mes de marzo, mientras que las segundas eran de carácter rústico y se celebraban a finales de diciembre.

Explicó que el estudio de las Dionisiacas es absolutamente fundamental para entender el origen del teatro. Recordó que Aristóteles en su Poética nos cuenta que los antecedentes del teatro estaban en los ditirambos, himnos que se entonaban en honor del dios del vino. Esos himnos tenían un estribillo que era entonado por un coro y respondido por el exarconte o corifeo. Se establece así un diálogo entre el coro y el primer actor, que a la postre dará lugar al teatro.

            Terminó la parte dedicada a Grecia con el estudio de determinados pasajes de las Bacantes de Eurípides.

            Pasó después al culto a Baco en Roma y, más en concreto, al estudio de las Bacanales, fiestas que fueron introducidas hacia el año 200 a. C. y que se celebraban el 16 y 17 del mes de marzo con la sola participación de mujeres. Señaló que los escándalos que ocasionaron dieron lugar a que fueran prohibidas por el Senado en el 186 a. C., pero después fueron autorizadas de nuevo por Julio César y con el tiempo evolucionaron en las libidinosas bacanales de la época imperial.

            Concluyó la parte dedicada a Roma con el estudio de dos odas de Horacio y de una sátira de Juvenal.

            Por último, el conferenciante abordó el influjo del mito de Dionisos en el Renacimiento: en primer lugar, dio cuenta de las “versiones ad diuinum” de Baco como dios de la inspiración y, en segundo lugar, explicó la presencia del dios del vino en la mitología renacentista de determinadas ciudades, como Lebrija.


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